Textos

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Hakim Bey

La migración de las Zonas Temporales Autónomas.

 

I.- Bienvenido Hakim.
Se llamaba Hakim Bey, pero pondría haberse llamado Alubia Dorada o Instante Detrás de la Foto Doméstica. Su nombre podría también haber sido, sencillamente, Mr. Pirotecnia. No importa: Hakim Bey es un pseudónimo. Me parece más significativo el hecho de que Bey (o Mr. Pirotecnia, como quieran llamarle) apareciera en la web a mediados de los ochenta con textos publicados en zines electrónicos. Porque quizá el primer punto a favor para comenzar a hablar de la configuración de territorios liberados es la puesta en duda de las políticas acerca de la identidad y la autoría, que ni yo mismo puedo asumir del todo acá, aunque lo intente. Redimensionar el lugar desde la reinvención, el heterónimo, la identidad colectiva o el desestabilizador anonimato es recurso de la ficción que franquea los linderos de lo real. ¿Quién eres? Te vale madres; fíjate en lo que digo. Piérdete en lo que digo. Mis palabras podrían ser muy bien las tuyas.
Eso y un tono combativo, le valieron a Bey el título de “padre del terrorismo poético”; una idea que consiste en la creación de fórmulas de rebelión basadas en la incongruencia y la espontaneidad; la experiencia del disparate como recurso motor; el derroche de ideas hacia la creación de espacios nuevos. Sus textos, escritos en una prosa de lirismo beligerante, sugerían algo que aún ahora –cómo no– me parece recomendable: bailes nocturnos en cajeros automáticos, allanamiento de moradas en las que, en lugar del hurto, se colocaran poemas de estilo dadaísta, la construcción de las mil y un mentiras con el fin de desestabilizar los idearios de quienes pretenden explicar el mundo entero desde un convencimiento moralista fincado en un orden individual. Un primer juicio: la fuerza pasional de las propuestas de Hakim Bey, si bien no dejaban de lado las discusiones de tono académico, devolvían una fuerza de espíritu a los discursos que han convocado a la insumisión, muchos de ellos ocultos en la penumbra de tiempos pasados –el discurso sedicioso como intento de emancipaciónde las bases materiales de la verdad invertida, como lo llamaba Guy Debord.
Con pleno conocimiento de causa Hakim Bey, esta especie de antihéroe electrónico, redimensionaba algo no del todo nuevo. Nada que algunos pensadores de tendencia libertaria no hubieran planteado ya, como en el caso de John Holloway y su concepto de antipoder o de Paolo Virno y su idea de la recuperación de las emociones como método para oponerse a los Estados autoritarios. El hallazgo de Bey consistió en combinar el análisis político de la red –que en aquel momento resultaba todavía nueva para una gran mayoría de no-usuarios en el mundo–, con principios que recalaban en el ánimo de quienes veían a Internet como posibilidad para descentrar la información y el uso que se hace de ella. Por eso uno de sus mayores méritos apunta hacia la definición de las llamadas Zonas Temporalmente Autónomas (TAZ). Insaturadas en Internet o fuera de él –así como habían sido modeladas en otros momentos históricos, como el caso de la Isla Tortuga y de la red distributiva que crearon los corsarios del siglo XVII–, las TAZ irían creciendo en la medida en la que determinados sitios fueran ubicados y liberados de la idea centralista de territorio. Babilonia –decía– toma sus abstracciones por lo real; precisamente en ese margen de error se constituye la TAZ. Una toma de los espacios aún no reglados por los poderes fácticos, dentro de los cuales entonces cualquiera puede hacer públicas sus ideas. Y lo mejor: para las TAZ Bey no proponía definición concreta, pues el hecho de limitarles con principios fijos las hacia susceptibles de apropiación por los representantes del Estado, que ubican necesidades y las institucionalizan en los medios. Frente a esta posibilidad, toda TAZ debía ser desarticulada ante el peligro de filtraciones normativas.
Para proponer estas redes independientes, Bey se basó en trabajos de filósofos como Lyotard o Deleuze y Guattari, que habían retomado la idea del nomadismo como ejemplo para la desarticulación de realidades basadas en dogmas históricos. La desilusión con la que los intelectuales franceses habían descreído de los fundamentos del marxismo duro, que no daba cabida a la experimentación no científica y a la espontaneidad, arriba con Bey a una sana renuncia de la concepción historicista de las circunstancias, que poco había hecho para evitar el crecimiento de los autoritarismos en todas partes. En sus escritos se brindaban alternativas de una frescura para el ánimo lo suficientemente seductoras como para que muchos intentaran llevarlas a la práctica.
La puesta en marcha del Anarquismo Ontológico –otro término acuñado por Bey– orientaría las formas intrincadas de esta nueva experiencia poética, fuerza barroca que no era determinada sino por el caos, no en el sentido de desorden sino en el de goce impredecible. Pillaje y disfrute de las fuerzas originales, el amor loco (amour fou), el espíritu no doblegado que emergería como inocencia feroz, como canto y baile, como torbellino de fuerzas perturbadoras.


1. Bey, Hakim. Las zonas temporalmente autónomas. Traducción y notas de Guadalupe Sordo. http://www.lahaine.org/pensamiento/bey_taz.pdf. Pag. 3.

 


  

TEXTO

César Cortés

 

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PANIC #2 PIRATAS


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II.- Adiós…

Por eso, cuando leí en la Red la Carta de Valencia que Hakim Bey había presentado en unas jornadas de cibercultura en la Universidad de Alacante (1999), entristecí un poco. Luego de los postulados poéticos; de documentos como Los pasquines del anarquismo ontológico en los que incitaba al desorden creativo; de extraordinarias frases del tipo “Después de Caos viene Eros”, me pareció que su acercamiento a una lucidez más bien escéptica no encajaba con la imagen que
tenía yo de sus ideas refractarias. ¿Qué había pasado con aquella postura esperanzadora que se oponía a la frialdad de la información con el llamamiento para rescatar el goce corporal con base en un conocimiento alegremente compartido que lo propiciara? Las TAZ –decía– quieren a toda la información y todo el placer corporal en una grande y compleja confusión de dulces datos y dulces fechas - hechos y fiestas - sabiduría y riqueza. Esta es nuestra economía y nuestra guerra.
Y es que con su algarabía de tono rebelde, alimentó durante el cambio de siglo mis ánimos juveniles, que amenazan siempre con desaparecer (los ánimos juveniles en estos lugares amenazan con desaparecer desde que naces, para ser remplazados por simulacros de la infancia). No hay duda de que cierta ingenuidad política acechaba detrás de sus documentos anteriores y de cada una de sus frases evocadoras de la insumisión; tampoco es difícil inferir que detrás de muchos proyectos reformistas se esconden idealismos utópicos de distintos calibres. Por ello una reacción así era previsible si el hombre, la mujer, el grupo o el ente escondido detrás de la máscara Hakim Bey, deseaba pasar a una práctica de mayor compromiso y menor presunción del estilo.
En la carta, Bey renunciaba al intento de construir una corriente de tono libertario en Internet, cuyo planteamiento general descansaba en la posibilidad de forjar a partir de las TAZ Zonas Permanentemente Autónomas. Sin embargo, en el último de sus textos, llevó a cabo una crítica bajo la sospecha de que “las aplicaciones revolucionarias de la Red no llegarían nunca” como él las había imaginado en tiempos de mayor flexibilidad electrónica. Casi una contradicción. De un lado ideas que abogaban por la formación de nuevas comunidades próximas a la noción de independencia, por el nomadismo psíquico y la disposición para la fiesta como medio que recuperara el placer de la existencia, robado por una directriz postecnológica que asocia responsabilidad ciudadana con marketing global. El juego de la disipación, de la improvisación, de la ruptura de fronteras copyright, del llamado Inmediatismo; la difusión de ideas a través de todos los medios posibles, acerca de la irracionalidad y el pitorreo. Por el otro una decantación más parecida al nihilismo de Cioran que a la beligerancia de Malatesta.
Pero, claro está, la oscuridad que puede opacar los años venideros de todo optimista, parecía haberle hecho replantear su posición –pinche lucidez, llega siempre a estropearlo todo. Según La carta de Valencia, ya no resulta fácil hacer acopio de fuerzas insurrectas para crear zonas no acaparadas por un capitalismo que se jacta ahora de ser global, diverso e inclusivo. Las nociones de resistencia en Internet coquetean hoy, según Bey, con el delirio de intercambio de mercado y de una militancia exaltada de buenas intenciones, pero de muy pocos resultados concretos. El más allá de la red parecía estar en el regreso a la vida material y a una oposición
neoludita en contra de la sustitución de las máquinas por el pensamiento. En términos estrictos, Hakim Bey abandonaba la acción poética ejercida en el terreno electrónico para acceder a la acción directa en el mundo concreto.


2. Bey, Hakim. La guerra de la información. http://www.lahaine.org/pensamiento/guerra_informacion.htm.

 

3. El ludismo fue un movimiento obrero Inglés del siglo XIX, cuyas acciones se basaban en la revuelta espontánea y desorganizada, dedicado a atacar las maquinaria industrial y los instrumentos de producción.

 

 


    


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III.- Aloha otra vez.
En todo caso, el abatimiento provocado por la Carta de Valencia se me pasó pronto luego de haber leído una entrevista realizada a Peter Lamborn Wilson en julio del 2004. Peter, no hay nadie que lo oculte ya, es el hombre detrás del pseudónimo Hakim Bey. Y aunque su tono siga siendo el de un viejo desencantado, entre líneas no es difícil interpretar que si Hakim Bey desapareció de la zona que él mismo pretendió desterritorializar, es lo de menos, pues con ello a la vez ponía en práctica su propio pensamiento al intentar deshacerse de un perfil y unas ideas que comenzaban a ser tomadas por sus lectores de manera doctrinaria: La cosa del TAZ –dice– es que yo no la inventé, solamente le di un nombre (…) una TAZ está en todas partes de dos a varios miles de personas, quienes por poco más de dos o tres horas, o tanto como un par de años, logran mantener ese ambiente en marcha. Y es increíblemente vital. Es vital el que cada ser humano tenga alguna experiencia así, o nunca sabrá que otro mundo es posible.

            La autoanulación de Bey se podía intuir ya cuando en trabajos como La guerra de la información anteponía, con miras a recuperar un goce espiritual erróneamente opuesto a las apetencias del organismo, el placer corporal vinculado a todo deseo de abstracción electrónica en contra de la mera recolección de datos crudos. Bey, siguiendo los principios de su educación sufí revelada luego de la Carta de Valencia, concibe el cuerpo como riqueza básica; ningún conglomerado de información puede trascender las necesidades inmediatas de sustento y comida. Incluso –decía– una crítica radical de la "información" puede dar paso a una sobre-valoración de los datos y la abstracción. El conocimiento del entorno es sustancial para la reinvención del mundo, eso es lo que potencia la fuerza insurrecta en contra de un dualismo que concibe que el cuerpo y el espíritu son asuntos de distinto orden y que por lo tanto concibe que la única lucha posible se puede dar en el terreno difuso de lo electrónico. Y un teórico del nivel de Bey no podía dejar de verse al espejo, espantarse un poco con su propia imagen. Porque todo radicalismo tiende a anquilosarse, a recuperar las formas que el ejercicio del poder impone en el momento que es necesaria una decantación de seguidores. Así también todo ideólogo, por muy oculto que se encuentre detrás de su invisibilidad, puede ser vulnerable y ser tentado con las llaves del reino. O, incluso, puede aburrirse. Y entonces es posible que migrar y dejar el puesto vacante sea una decisión sabia. Con esa mirada ambigua, desde la penumbra, con la pija de fuera y las flores debajo del sobaco. Con los dedos lisos de tanto teclear, pero con olor a sexo en el bajo vientre y a vino en la boca (o viceversa). Residuos de confeti perdidos en la maleza del cabello. Y la respiración profunda; fragancias por doquier. Así, naturalmente, esfumarse. Dice: En cuanto aparece el primer indicio de comercialización o cansancio, entonces yo pienso que la mejor cosa que hay que hacer es cerrarlo. Seguid adelante, que reaparezca en otra parte. Y en última instancia, realmente creo que otro mundo es posible y que se pueden hacer cambios permanentes.

4. Bleyer, Jennifer. Un anarquista en el Valle del Hudson. En conversación: Peter Lamborn Wilson con Jennifer Bleyer. http://espora.org/biblioweb/bleyer-wilson.html.

 

5. Ibid.